| Hola soy Graciela Saieg, tengo 40 años. Tomé la primera Diksha el 9 de julio de este año en Capilla del Monte, Córdoba. Hace tres años inicié la búsqueda de la iluminación como objetivo principal en mi vida. Soy madre de dos lindas niñas de 12 y 9 años. A quienes crío y cuido con toda la dedicación que me es posible. Trabajo en computación 8 horas diarias a 40 kilómetros de la Capital [Buenos Aires]. Tarea que hago desde hace 18 años. Estuve varios meses sin tener ninguna percepción que me indicara que estoy en proceso, o que me alentara a seguir en proceso. Hace dos meses que tengo un agotamiento difícil de sobrellevar. Estuve con anemia y con las defensas un tanto bajas. Muchos dolores en las cervicales. Tuve que faltar varias veces a trabajar dado que no tenía fuerzas para estar levantada. El viernes pasado me acosté como siempre, al ratito de llegar del trabajo, para recuperar un poco de fuerzas para hacer la cena. Sentía un cansancio muy profundo pero no me podía dormir. Empecé a pensar en todos los buscadores de Ascensión [con referencia al grupo de los Ishayas] que, como yo lo hacía antes, dedican tanto esfuerzo y energía a sanarse y empecé a experimentar un amor y una compasión muy profunda por todos ellos. Sentía que todas sus ansias de sanar eran mías, eran yo misma y el amor que sentía era tan grande que no podía contenerlo dentro de mí y lloré mucho. Lloré de amor y compasión hasta quedarme sin fuerzas, completamente inmovilizada, casi sin respirar. Luego aparecieron otras personas, Gabriela, mi hija, la doctora que me atiende y el amor era tan grande que no podía contenerlo. Cuando ya no tenía mas fuerzas, no me importaba morirme, no me importaba nada y me entregué a “lo que sea”. Y resultó que “lo que sea” era maravilloso. Fue un descubrimiento y una experiencia única para mi alma saber que al soltar todo, lo único que queda es una paz y un amor indescriptibles. Pensaba que yo no me conectaba mucho con Amma y Bhagaván como algunos otros compañeros, que yo no había sanado completamente “todas” mis relaciones, que yo no era perfecta, que no hago las recomendaciones de la Diksha según lo indican nuestros guías y que de todas formas la gracia me estaba siendo concedida. Sentía agradecimiento y emoción sin límites. Estuve 3 horas en este estado y al final empecé a sentir una ola de bienestar y felicidad tan grande que empecé a reírme, primero suave y luego a carcajadas. La ola de felicidad subió desde el pubis hasta el entrecejo. Deseo compartir esta experiencia con todos los compañeros de Diksha. Para que sigamos apoyándonos mutuamente en este camino que hemos elegido, que no podemos comprender, que a veces se hace muy pesado y que tiene formas extrañas de dirigirse a la iluminación. Con mucho amor, Graciela. |