| Abrazándote a ti mismo Un hombre que estaba muy orgulloso de sus tierras se encontró con una gran plaga de diente de león. Intentó con cada método que conocía para deshacerse de ellos. La plaga continuaba. Finalmente escribió al Departamento de Agricultura. Enumeró todo lo que había intentado y concluyó su carta con la pregunta, “¿Qué debo hacer ahora?” A su debido tiempo llegó la respuesta, “Le sugerimos que aprenda a amarlos.” Yo también me sentía muy orgulloso de mi bondad, nobleza y naturaleza temerosa de Dios, hasta que encontré una gran sombra acechando dentro de mí. Para mi gran sorpresa descubrí que sentía celos, miedo, descontento y frustración. Pensé que estaba más allá del egoísmo cuando Sri Bhagaván me mostró que tras cada una de mis acciones había un “yo” (self). Sri Bhagaván me mostró que el “Rama” [encarnación divina] que yo creía ser nunca existió. Yo era un “Ravana” [un demonio]. Le decía repetidamente a mi hijo, “Hijo, tienes que estudiar mucho y mantener una buena posición en la sociedad. Quiero que seas feliz en la vida. Te amo mucho, no quiero que sufras.” No era el amor paterno lo que me hacía decirlo sino que mis propios traumas e inseguridad y el temor al ridículo ante los amigos y parientes, actuado detrás del escenario. La experiencia de verme ocurrió cuando, como un extraño, me encontraba entre los miles que estaban viendo a Sri Bhagaván en uno de los Darshans [reuniones públicas]. Repentinamente sentí los ojos de Sri Bhagaván descansando en mí. A medida que Sus compasivos ojos perforaban los míos vi Su forma sentada en mi corazón. Sri Bhagaván me miraba desde mi interior. La experiencia del auto-descubrimiento comenzó en ese segundo. Durante cuarenta y cinco minutos estuve furioso y aparecieron varias excusas para disculparme por mi comportamiento ante los demás. No quería aceptar mi fealdad interior. Lágrimas desesperadas se desprendían de mis ojos. El Darshan estaba llegando al final. Repentinamente, Sri Bhagaván habló desde mi interior, “Abrazarte a ti mismo es el primero y el último paso.” El Señor se silenció. En ese minuto las puertas del paraíso se abrieron en mí. Una felicidad más allá de lo que yo conocía recorrió mi cuerpo. Mientras Sri Bhagaván se retiraba me encontré bailando en éxtasis. Bailé mis celos, bailé mi egoísmo, bailé mi rabia, bailé mi frustración. Esta felicidad permanece conmigo hasta hoy. En la oficina mientras realizo mis deberes encuentro celos, miedo y rabia emergiendo a través de mí, los bailo. La gente a mi alrededor se une a mi danza. Soy cuatro veces más eficiente que antes y todavía me queda una reserva de energía cuando me voy a la cama. (De la sección Enseñanzas de Oneness University. Traducción: María Cecilia (Chichi) Lorca M.). |